lunes, 29 de agosto de 2011

Los Chivos Expiatorios (Parte II)

Las agencias de crédito son responsables por gran parte de las calificaciones de deuda en el mundo, según un artículo de Alec Klein en el Washington Post “ Smoothing the way for debt markets”, las tres grandes agencias Standard & Poors (S&P), Moody's y Fitch, concentran el 94% del mercado; con 40% para cada una  de las dos primeras y 14% para la “pseudo europea” Fitch.

¿Quiénes utilizan la información generada por las tres grandes agencias de calificación? Generalmente los bancos de inversión, inversionistas, corredores de inversiones, fondos de pensiones y otros emisores en general; esto incluye gobiernos y corporaciones.

En un principio estas compañías se financiaban bajo el esquema de suscripción, donde los resultados de las calificaciones nunca se daban de gratis. Aún hoy día las agencias de menor tamaño siguen utilizando este sistema, dejando a las de mayor tamaño mutar sus modelos de negocio pagados por el emisor de la obligación. 

¿Hasta que punto se compromete la transparencia de la calificación, cuando se tiene a un emisor pagando por tus servicios, que busca una calificación más beneficiosa en orden de atraer la mayor cantidad de inversionistas y que de igual manera necesita tener acceso a intereses de préstamos mucho más bajos?

Desde la crisis financiera del 2008, las calificadoras de riesgo han sido criticadas fuertemente por su lentitud en respuesta a posibles incumplimientos en las obligaciones de pagos. El caso de Lehman Brothers y el colapso financiero de los tres bancos islandeses ilustran la falta de respuesta pronta, trayendo su potencial modificación en la adjudicación del riesgo y como consecuencia los correctivos necesarios para evitar peores males al inversionista.

Por el contrario, en vez de cumplir con sus responsabilidades en el estudio del riesgo, se concentraron en “satanizar” prácticas económicas que no comulgaban con el credo político de sus patrones y benefactores. Es ahí donde la escuela del liberalismo económico consigue cabida a sus pretensiones de reducir los beneficios sociales, como excusa a la imperativa reducción del déficit fiscal.

Recientemente el Fondo Monetario Internacional (FMI) finalizó el rescate financiero en Islandia, con notas altamente satisfactorias por parte de los ciudadanos. La llegada del ente a finales del 2008 trajo masivas protestas civiles en respuestas a las ya conocidas recetas del FMI en Asia y América del Sur, afortunadamente para los islandeses el sistema de beneficios sociales no fue afectado como parte de las condiciones en la mesa de negociaciones.

Hace una semana la S&P, parte del conglomerado de publicaciones McGill Graw, despidió a su actual presidente Deven Sharma, quien autorizó la baja de la calificación de la deuda de los EE UU desde el escalafón más alto AAA hasta la AA+, nivel este donde se encuentran España y Chile. Sharma dejará su puesto a finales de diciembre próximo y será reemplazado por un alto ejecutivo del Citigroup, banco rescatado por el gobierno norteamericano como producto de la crisis financiera.

Entonces, ¿A quién responde las agencias de créditos?, ¿Por qué Irlanda y Portugal siguen teniendo grado de inversión, cuando están en estado inminente de cesación de pago?, ¿Por qué Grecia sigue pagando intereses tan bajos a sus bonos soberanos, cuando su calificación es C, la más baja?, ¿Por qué notables diferencias entre las calificaciones y los Credit Default Swaps (CDS)?

En definitiva el juego de las calificaciones de riesgo va a tener que ser expurgado si desean mantenerse con vida, tomando en cuenta la creciente importancia del capital de las naciones emergentes que no cuentan con el apalancamiento político para influir en las decisiones e informaciones divulgadas por “las tres grandes”.

Nota: Credit Default Swaps (CDS) son ponderaciones porcentuales para el pago de seguros de crédito contra un eventual impago.

jueves, 25 de agosto de 2011

Los Chivos Expiatorios (Parte I)


Después de cinco años como Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn epitomiza el espiritu de supervivencia ante un posible complot desde la oposición política francesa con el único fin de su permanencia en el gobierno.

Pero no sólo supervivencia representa Strauss-Kahn, también desde su renuncia en mayo del presente año el funcionario francés a sido blanco de las más fieras declaraciones de grupos feministas en los Estados Unidos de América, por presuntas acusaciones de asalto sexual e intento de violación a una camarera africana en un hotel de la ciudad de Nueva York.

Durante las presentaciones en público de Strauss-Kahn para asistir a la corte en el citado caso, grupo feministas protestaban a las afueras del recinto judicial en repudio a todo acto de violencia de género. Con un personaje de alto perfil las activistas se garantizaban una gran exposición en medios de cobertura global.

Ahora bien, no defiendo la rancia expresión chauvinista de las clases dominantes políticas y económicas globales, de derecha o de izquierda, pero me pregunto ¿Cuál va a ser el mensaje de los grupos activistas en defensa de los derechos de la mujer, después de que la justicia encontró inconsistente las declaraciones de la “víctima” ?

La opinión pública mundial habla de posibles relaciones consensuales, sólo por el hecho de la falta de “evidencia” de abuso físico, sin importar los hallazgos del ADN de Strauss-Kahn en la genitalia de la camarera, aunado a alegatos de la defensa en relación a inconsistencias legales de la parte acusadora, cuando aplicó para un asilo político en los Estados Unidos.

El caso criminal fue sobreseído bajo los alegatos antes expuestos, en vista que en el sistema jurídico norteamericano un veredicto criminal se debe llegar “without reasonable doubts”, es decir “sin que quepa lugar a duda” en otras palabras el veredicto debe ser unánime.

Sólo queda procesar al funcionario francés en un juicio civil, donde no se necesita una duda razonable para llegar a un veredicto y en muchos de los casos las víctimas se les retribuye con compensaciones monetarias. Los elementos raciales y de género que previnieron a Strauss-Kahn a ser condenado en un caso criminal, conspirarán en su contra en un caso civil, donde las consecuencias no terminan en pérdida de libertad.

Una suerte a la inversa del caso de O.J. Simpson 


martes, 23 de agosto de 2011

Mi Inner Prensa


Mi visión de la prensa está influenciada desde mi infancia por El Carabobeño, decano del periodismo en la región central de Venezuela. Ávido lector de las informaciones deportivas, esta fuente me servía para llenar mis cuadernos con recortes de mis ídolos deportivos del momento, junto a la lectura casi obsesiva de la revista Geomundo, la cual me llevaba a conocer culturas y sitios remotos en mis viajes imaginarios alrededor del mundo.

Mientras tomaba conciencia de mi lugar histórico como un adolescente dentro de una realidad que parecía caótica, las historias de mi padre quien junto a otros jóvenes lucharon por la democracia durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, forjaron en mí un espíritu crítico de la necesidad de ser informado y de acceder a cualquier fuente deseada, sin que nadie me imponga lo contrario. 

Progresivamente la prensa toma diferentes matices al poder acceder a diarios que me narraban las historias de formas distintas, entre las publicaciones de amplia circulación fue El Nacional el que cambió mis necesidades informativas por razones de estilo y de contenido, de ahí en adelante estaba expuesto a escritores y periodistas con una visión global del hecho noticioso con historias mejor contadas que cambiaban al mundo, como la caída del muro de Berlín. 

Llegaron los años noventa y con ello mi cambio de domicilio a los Estados Unidos de América. Mi relación con la prensa de Florida se redujo a la expresión más pragmática posible, tales como los resultados de las ligas de deportes profesionales, los tan deseados cupones de descuentos para ir de compras al supermercado, y la mejor guía de bienes raíces en caso de querer comprar y vender propiedades, burbuja que al pasar los años destruyó más de un sueño americano. 

Cuando me mudé al noreste del país, más específicamente a los estados de Massachusetts y New York, estuve expuesto a más y mejor calidad de prensa. Mi lectura favorita era el New York Times, fuente donde me informaba acerca de los acontecimientos ocurridos en el mundo, respiro liberal en medio de la conservadora prensa americana; de igual manera disfrutaba mucho la sección de artes y de diseño que servía para mostrar al mundo las líneas y colores con se vestía la gran manzana. 

Los diarios no eran los únicos elementos de la prensa que llamaban mi atención, algunas revistas eran compañeras perfectas para una cita con café, entre ellas The Economist. Ésta me acercó al hecho económico y financiero a pesar de no ser un experto en el área, descubrí que podía hacer análisis con la ayuda de información política actual e indicadores económicos. 

Finalmente, el yo “mesonero” se atrevía a mantener una conversación no sólo de cultura general del “mainstream”, sino de política y economía mundial inspirada por la prensa. De repente estoy en el año 2000 y entre Britney Spears y Jennifer López con sus amoríos mediáticos, distraen mi gusto en lecturas de preferencia, trayendo como consecuencia que junto a publicaciones respetadas se encontrasen en mi mesa de noche revistas desde Hello hasta Vogue, era como ir de fiestas con las celebridades, al tiempo de tomarme un martini con los diseñadores de moda.

Sin embargo, el nuevo milenio no sería únicamente una vitrina de vanidades, los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, no sólo cambiaron al mundo sino como el mundo era descrito por la prensa. Mi domicilio para este momento era la ciudad de Boston, me encontraba estudiando diseño gráfico atraído por las interminables horas que pasaba en la sección de publicaciones periódicas en las librerías de la ciudad. 

El New York Times dejó de atraerme como fuente informativa, sentía de algún modo como si el contenido sufría de censura previa causando frustración en mi, el repetitivo uso de temas y el tratamiento de los mismos, esto me hizo cambiar de publicación, ubicación y color, en otra palabras el Financial Times de Londres en color salmón. 

Después de terminar mis estudios de diseño gráfico y luego de una breve pasantía en un periódico comunitario en Boston, siento la necesidad de estudiar comunicación social y es cuando regreso a Venezuela, en medio de una de las peores condiciones para el ejercicio de la profesión de periodista. El ataque hacia la prensa por parte del gobierno de Chávez, me hacía pensar en la necesidad de transmitir mensajes que informen y eduquen obviando barreras ideológicas. 

Desde mi bunker presencio las constantes violaciones a la libertad de prensa y los abusos que sufren los comunicadores en la búsqueda de la información, como editor en calidad de sustituto de una de las secciones del periódico de niñez, el anteriormente mencionado El Carabobeño, evidencié el asedio “tácito” de instancias gubernamentales en lo referente a información que le comprometa con la opinión pública, valiéndose de demagogia que terminase en una posible replica, con el agravante de convertirse en una práctica de auto censura. 

En general, aprecio la existencia de la prensa porque sin ella no hubiese llegado hasta donde llegué y no hubiese soñado hasta donde soñé. Más allá de las definiciones técnicas, la prensa es un espejo de la sociedad hacia donde dirige su mensaje, reflejando sus realidades, sueños y aspiraciones, del mismo modo que sus excesos y decepciones.