martes, 23 de agosto de 2011

Mi Inner Prensa


Mi visión de la prensa está influenciada desde mi infancia por El Carabobeño, decano del periodismo en la región central de Venezuela. Ávido lector de las informaciones deportivas, esta fuente me servía para llenar mis cuadernos con recortes de mis ídolos deportivos del momento, junto a la lectura casi obsesiva de la revista Geomundo, la cual me llevaba a conocer culturas y sitios remotos en mis viajes imaginarios alrededor del mundo.

Mientras tomaba conciencia de mi lugar histórico como un adolescente dentro de una realidad que parecía caótica, las historias de mi padre quien junto a otros jóvenes lucharon por la democracia durante la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, forjaron en mí un espíritu crítico de la necesidad de ser informado y de acceder a cualquier fuente deseada, sin que nadie me imponga lo contrario. 

Progresivamente la prensa toma diferentes matices al poder acceder a diarios que me narraban las historias de formas distintas, entre las publicaciones de amplia circulación fue El Nacional el que cambió mis necesidades informativas por razones de estilo y de contenido, de ahí en adelante estaba expuesto a escritores y periodistas con una visión global del hecho noticioso con historias mejor contadas que cambiaban al mundo, como la caída del muro de Berlín. 

Llegaron los años noventa y con ello mi cambio de domicilio a los Estados Unidos de América. Mi relación con la prensa de Florida se redujo a la expresión más pragmática posible, tales como los resultados de las ligas de deportes profesionales, los tan deseados cupones de descuentos para ir de compras al supermercado, y la mejor guía de bienes raíces en caso de querer comprar y vender propiedades, burbuja que al pasar los años destruyó más de un sueño americano. 

Cuando me mudé al noreste del país, más específicamente a los estados de Massachusetts y New York, estuve expuesto a más y mejor calidad de prensa. Mi lectura favorita era el New York Times, fuente donde me informaba acerca de los acontecimientos ocurridos en el mundo, respiro liberal en medio de la conservadora prensa americana; de igual manera disfrutaba mucho la sección de artes y de diseño que servía para mostrar al mundo las líneas y colores con se vestía la gran manzana. 

Los diarios no eran los únicos elementos de la prensa que llamaban mi atención, algunas revistas eran compañeras perfectas para una cita con café, entre ellas The Economist. Ésta me acercó al hecho económico y financiero a pesar de no ser un experto en el área, descubrí que podía hacer análisis con la ayuda de información política actual e indicadores económicos. 

Finalmente, el yo “mesonero” se atrevía a mantener una conversación no sólo de cultura general del “mainstream”, sino de política y economía mundial inspirada por la prensa. De repente estoy en el año 2000 y entre Britney Spears y Jennifer López con sus amoríos mediáticos, distraen mi gusto en lecturas de preferencia, trayendo como consecuencia que junto a publicaciones respetadas se encontrasen en mi mesa de noche revistas desde Hello hasta Vogue, era como ir de fiestas con las celebridades, al tiempo de tomarme un martini con los diseñadores de moda.

Sin embargo, el nuevo milenio no sería únicamente una vitrina de vanidades, los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, no sólo cambiaron al mundo sino como el mundo era descrito por la prensa. Mi domicilio para este momento era la ciudad de Boston, me encontraba estudiando diseño gráfico atraído por las interminables horas que pasaba en la sección de publicaciones periódicas en las librerías de la ciudad. 

El New York Times dejó de atraerme como fuente informativa, sentía de algún modo como si el contenido sufría de censura previa causando frustración en mi, el repetitivo uso de temas y el tratamiento de los mismos, esto me hizo cambiar de publicación, ubicación y color, en otra palabras el Financial Times de Londres en color salmón. 

Después de terminar mis estudios de diseño gráfico y luego de una breve pasantía en un periódico comunitario en Boston, siento la necesidad de estudiar comunicación social y es cuando regreso a Venezuela, en medio de una de las peores condiciones para el ejercicio de la profesión de periodista. El ataque hacia la prensa por parte del gobierno de Chávez, me hacía pensar en la necesidad de transmitir mensajes que informen y eduquen obviando barreras ideológicas. 

Desde mi bunker presencio las constantes violaciones a la libertad de prensa y los abusos que sufren los comunicadores en la búsqueda de la información, como editor en calidad de sustituto de una de las secciones del periódico de niñez, el anteriormente mencionado El Carabobeño, evidencié el asedio “tácito” de instancias gubernamentales en lo referente a información que le comprometa con la opinión pública, valiéndose de demagogia que terminase en una posible replica, con el agravante de convertirse en una práctica de auto censura. 

En general, aprecio la existencia de la prensa porque sin ella no hubiese llegado hasta donde llegué y no hubiese soñado hasta donde soñé. Más allá de las definiciones técnicas, la prensa es un espejo de la sociedad hacia donde dirige su mensaje, reflejando sus realidades, sueños y aspiraciones, del mismo modo que sus excesos y decepciones. 

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