Las agencias de crédito son responsables por gran parte de las calificaciones de deuda en el mundo, según un artículo de Alec Klein en el Washington Post “ Smoothing the way for debt markets”, las tres grandes agencias Standard & Poors (S&P), Moody's y Fitch, concentran el 94% del mercado; con 40% para cada una de las dos primeras y 14% para la “pseudo europea” Fitch.
¿Quiénes utilizan la información generada por las tres grandes agencias de calificación? Generalmente los bancos de inversión, inversionistas, corredores de inversiones, fondos de pensiones y otros emisores en general; esto incluye gobiernos y corporaciones.
En un principio estas compañías se financiaban bajo el esquema de suscripción, donde los resultados de las calificaciones nunca se daban de gratis. Aún hoy día las agencias de menor tamaño siguen utilizando este sistema, dejando a las de mayor tamaño mutar sus modelos de negocio pagados por el emisor de la obligación.
¿Hasta que punto se compromete la transparencia de la calificación, cuando se tiene a un emisor pagando por tus servicios, que busca una calificación más beneficiosa en orden de atraer la mayor cantidad de inversionistas y que de igual manera necesita tener acceso a intereses de préstamos mucho más bajos?
Desde la crisis financiera del 2008, las calificadoras de riesgo han sido criticadas fuertemente por su lentitud en respuesta a posibles incumplimientos en las obligaciones de pagos. El caso de Lehman Brothers y el colapso financiero de los tres bancos islandeses ilustran la falta de respuesta pronta, trayendo su potencial modificación en la adjudicación del riesgo y como consecuencia los correctivos necesarios para evitar peores males al inversionista.
Por el contrario, en vez de cumplir con sus responsabilidades en el estudio del riesgo, se concentraron en “satanizar” prácticas económicas que no comulgaban con el credo político de sus patrones y benefactores. Es ahí donde la escuela del liberalismo económico consigue cabida a sus pretensiones de reducir los beneficios sociales, como excusa a la imperativa reducción del déficit fiscal.
Recientemente el Fondo Monetario Internacional (FMI) finalizó el rescate financiero en Islandia, con notas altamente satisfactorias por parte de los ciudadanos. La llegada del ente a finales del 2008 trajo masivas protestas civiles en respuestas a las ya conocidas recetas del FMI en Asia y América del Sur, afortunadamente para los islandeses el sistema de beneficios sociales no fue afectado como parte de las condiciones en la mesa de negociaciones.
Hace una semana la S&P, parte del conglomerado de publicaciones McGill Graw, despidió a su actual presidente Deven Sharma, quien autorizó la baja de la calificación de la deuda de los EE UU desde el escalafón más alto AAA hasta la AA+, nivel este donde se encuentran España y Chile. Sharma dejará su puesto a finales de diciembre próximo y será reemplazado por un alto ejecutivo del Citigroup, banco rescatado por el gobierno norteamericano como producto de la crisis financiera.
Entonces, ¿A quién responde las agencias de créditos?, ¿Por qué Irlanda y Portugal siguen teniendo grado de inversión, cuando están en estado inminente de cesación de pago?, ¿Por qué Grecia sigue pagando intereses tan bajos a sus bonos soberanos, cuando su calificación es C, la más baja?, ¿Por qué notables diferencias entre las calificaciones y los Credit Default Swaps (CDS)?
En definitiva el juego de las calificaciones de riesgo va a tener que ser expurgado si desean mantenerse con vida, tomando en cuenta la creciente importancia del capital de las naciones emergentes que no cuentan con el apalancamiento político para influir en las decisiones e informaciones divulgadas por “las tres grandes”.
Nota: Credit Default Swaps (CDS) son ponderaciones porcentuales para el pago de seguros de crédito contra un eventual impago.
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