En el concierto mundial de países, el sector energético es uno de los más estratégicos, donde las energías alternativas recientemente ha recibido un impulso importante. Aunque muchos opinan que no se ha hecho lo suficiente en atraer inversiones hacia esta nueva matriz energética.
En países como Alemania y España se ha avanzado mucho en la energía aeólica, contando un parque industrial propio que innova y produce los insumos necesarios en la instalación de “granjas” de producción. Islandia se ha convertido en referencia mundial en el aprovechamiento de sus recursos geotérmicos.
Después de los problemas con la central nuclear de Fukushima en Japón, a consecuencia del terremoto de Sendai a principios del 2011, varios programas nucleares fueron suspendidos. En Alemania, de las 15 centrales nucleares de vieja data, se clausuraron 8, en respuestas a demandas del electorado.
La energía solar se encuentra en estados de investigación y desarrollo, mientras la biomasa tiene un gran potencial en la conversión de desechos humanos en energía.
Desafortunadamente el tercer mundo es como suelo estéril en la implementación de energías alternativas, las necesidades primarias como: alimentarse y educarse tienen una lógica prioridad en la tarea de crear ciudadanos más conscientes en temas ambientales.
Las facciones conservadoras de la política desconocen el tema en la agenda pública, sus oponentes arguyen sus compromisos con las industrias del petróleo y el carbón, a cambio de financiamiento en el cada vez más costoso juego electoral. Las negociaciones para la transición hacia un mundo más limpio se paralizan.
La producción de energía se incrementa a la medida que el consumidor demande más, no por un simple capricho planificador del estado en asuntos que sólo le corresponde al consumidor, es decir al ciudadano.
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